
ESTIMADOS COMPAÑEROS
Recibir el nuevo año es un nuevo compromiso, un momento entrañable que tengo el honor y el privilegio de poder compartir con Uds.
Una sociedad como la nuestra, tan sometida al ritmo vertiginoso de las circunstancias, necesita en estos momentos una reflexión seria que nos ayude a descubrir que más allá de las diferencias políticas e ideológicas, muy por encima de ellas, están las personas y sus esperanzas.
Personas que compartimos el mismo sol y la misma lluvia, que buscamos la paz y la convivencia, y que queremos caminar juntos en la búsqueda de soluciones a los problemas que azotan a nuestra sociedad.
Estamos a punto de finalizar un año especialmente significativo. Estoy convencido de que el 2005 no ha sido un año más. Va a marcar un antes y un después en el largo, y a veces doloroso, recorrido que venimos realizando por alcanzar nuestras justas reivindicaciones.
La constatación de nuestra cruda realidad, a veces nos puede inducir a dejarnos llevar por la desilusión de quien persigue un objetivo que parece inalcanzable, pero, tengo la convicción de que hoy estamos más cerca de erradicar las injusticias y la violencia de nuestras vidas. Todo depende de nosotros mismos.
Todos los problemas tienen solución. También los nuestros. Eso si, sólo las personas y los pueblos que confían en sí mismos y creen firmemente en la existencia de una salida, acaban encontrándola. Y nosotros la vamos a encontrar, más pronto que tarde.
No pretendo, con ello, cercenar o descalificar otras propuestas y otros caminos. Quien tenga propuestas que las haga, pero es tiempo ya de que abordemos no solo el debate sobre nuestro futuro, sino el trabajo de quienes lo van hacer, con tolerancia, flexibilidad y apertura a las ideas serias y bien fundamentadas que traigan beneficios para todos.
Hoy, cuando en el mundo se escuchan las denuncias de lo que acontece en el medio oriente y el resto del mundo, por el abuso de parte del gobierno totalitario de EE. UU, rechazamos la guerra y a quienes incitan a ella, -porque las guerras no resuelven nada- y quienes han sufrido durante tanto tiempo la sinrazón y la barbarie de la violencia, tienen que ser capaces de elevar su voz para reivindicar el dialogo y el respeto como los instrumentos más eficaces para resolver los conflictos de convivencia.
Por eso, ahora más que nunca, tenemos que tener presente en forma muy especial a aquellos que en cualquier lugar del planeta sufren las injusticias del desempleo, subempleo, hambre, y de la conculcación de los derechos humanos individuales y colectivos. Porque sólo así seremos capaces de construir un mundo más justo y, en definitiva, más seguro.
Estoy convencido de que con el compromiso, el empuje y la participación de todos y cada uno de nosotros lo vamos a lograr.
PROSPERO AÑO 2006!!!!!!!!
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