Raúl Burneo Seminario
Parte de los objetivos del Poder Ejecutivo en Bolivia son indudablemente el ofrecer a los bolivianos una fuente de energía de bajo precio, que no tendrá que estar vinculado al precio internacional del gas, sino más bien a los costos de explotación del gas en Bolivia.
De firmarse el TLC con USA, tal como está redactado el Acuerdo, los peruanos estaremos obligados a pagar el petróleo y sus derivados, así como el gas, a precios globalizados, de libre comercio o como quiera llamarse, puesto que dicho Acuerdo impide que se pueda operar con precios diferentes a los del libre mercado internacional, tal como se desprende de la lectura de los diversos capítulos del TLC, en particular del que se titula "Política de competencia, monopolios designados, y Empresas del Estado". Cuando el precio del barril de petróleo supere los $100.00 y estemos "amarrados" al TLC, el Perú podría convertirse en un país casi inviable, por el perjuicio que afrontarán las masas y los productores nacionales.
La globalización que propugna el TLC es buena en tanto no comience a resultar mala, y en todo caso hay que evaluar si resulta buena para unos pocos inversionistas y mala para las mayorías nacionales, como parece ser que está sucediendo con casos concretos como México, Canadá y aun Chile, país este último que en el año 2005 ha incrementado sus exportaciones a USA en un 16%, pero en paralelo sus importaciones desde USA subieron un 55%. Los tiempos están cambiando a nivel mundial. La globalización ha motivado que los precios del petróleo superen los 70.00 por barril (cuando a un precio de $35.00 ya era un negocio extraordinario), el oro está por los $600.00 por onza( cuando un precio de $350.00 permite excelentes utilidades), el cobre ha llegado a $2.80 por libra (cuando un precio de 1.00 ya significaba una gran satisfacción para los explotadores de este mineral). Existen muchos productos más que están actualmente en esta categoría de sobreprecios con respecto a los costos, los cuales en su mayoría son producidos en el Perú en altos volúmenes, sin que nuestro país reciba una retribución equitativa por estos extraordinarios sobreprecios, como podría ser que el 50% del excedente del precio del oro sobre $ 350.00 la onza sea participación directa a favor de la Región productora; y así sucesivamente con el cobre, petróleo, etc. Ecuador ya está considerando hoy el caso especial del Petróleo.
Una manera de lograr esto sería determinar, vía Constitución, que los minerales sean propiedad de la Región en la cual se explotan y como tal la misma deberá negociar con los inversionistas interesados el beneficio que recibirá la Región cuando los precios superen cierto margen que permita utilidades más que razonables para las empresas explotadoras. Un país 100% capitalista como Canadá tiene un régimen minero con participación en la propiedad a favor de ciertas poblaciones y nadie se ha jalado los pelos por ello y, por el contrario, se han motivado excelentes negocios para grupos capitalistas y por cierto para poblaciones canadienses. Esta fórmula se concretó cuando los precios internacionales de los productos minerales eran normales, por lo que se justificaría aun más en las actuales circunstancias adoptar medidas como la indicada. Antamina, empresa con capital canadiense que opera en el Perú, conoce de esta exitosa experiencia. Ver al respecto: www.nana.com, sobre la experiencia canadiense.
La República, 24.04.06
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